España se seculariza
Por Mónica C. Belaza
Iglesia católica
Cada vez hay menos entradas emotivas en el altar con novia de blanco, un menor porcentaje de nacidos que se bautizan, menos primeras comuniones y confirmaciones, y más hijos nacidos fuera del matrimonio. Y están empezando a celebrarse ritos civiles alternativos a los católicos: acogimientos en los ayuntamientos para los recién nacidos, fiestas de paso a la adolescencia o ceremonias de todo tipo para despedir a los fallecidos. España se seculariza.
Los españoles, que aunque no pisaran
jamás una iglesia y no cumplieran la doctrina católica, no dejaban de celebrar
bodas, bautizos, comuniones y funerales, están perdiendo interés por los
sacramentos. Incluso su componente cultural se está evaporando. Mientras los obispos
llenan los periódicos, convocan manifestaciones, salen a la calle para defender
su modelo de familia y siguen reivindicando los tradicionales privilegios de
los que siempre ha gozado la
Iglesia católica en España, las cifras marcan otra tendencia:
el poder real de su doctrina entre los ciudadanos está disminuyendo a ritmo
vertiginoso.
Las razones no son fáciles de
desentrañar, pero pueden estar relacionadas con varios factores: las
alternativas civiles a los ritos católicos se han hecho más atractivas, el
divorcio ha supuesto un descreimiento hacia “el matrimonio para toda la vida” y
los jóvenes no han crecido ya en una España católica que imbuía a toda la
población de una cultura religiosa que lo impregnaba todo.
De las 211.818 bodas celebradas en 2006
en España, el 44,2% fueron civiles, según datos del Instituto Nacional de
Estadística -en 2000 el porcentaje era del 24%-. Y en cuatro comunidades
autónomas -Cataluña, Baleares, Canarias y Madrid-, junto con las ciudades de
Ceuta y Melilla, el porcentaje supera el 50%. En el caso de Cataluña, asciende
al 62,5%. Y, curiosamente, el País Vasco, y Navarra, de gran tradición
católica, son dos de los lugares en los que más han descendido porcentualmente
las bodas canónicas.
Si a estos enlaces sumamos el número de
parejas de hecho, registradas o no, queda claro que las uniones que escapan del
control de la Iglesia
católica son ya mayoría en la sociedad. Además, los españoles cada vez se casan
menos. La tasa de nupcialidad (número de matrimonios por mil habitantes) pasó
del 5,72 en 1980 al 4,70 en 2006. Y va aumentando el número de hijos nacidos
fuera del matrimonio. En 2005 fueron el 26% del total: 123.938 niños. El
porcentaje sube cada año.
Estas cifras nada tienen que ver con
los datos de la España
franquista y católica de los años setenta, que sólo reconocía los matrimonios
eclesiásticos. El civil se consideraba subsidiario y para celebrarlo había que
demostrar que los contrayentes no eran católicos. Los bautizados debían pasar
por una declaración de apostasía de la fe -complicada y mal vista- para que les
dejaran celebrar su enlace en el juzgado.
Desde 1981, cada uno, bautizado o no,
tiene plena libertad para elegir cómo desea casarse. Pero durante algún tiempo,
los novios han seguido prefiriendo las iglesias. Claro que la alternativa era
una cola en un juzgado -situado a veces en un espantoso y desnudo edificio
gris-, una rápida lectura de artículos del Código Civil, unas firmas, y listo.
La situación ha cambiado. Los ritos
civiles empiezan a tener su propio glamour. Los novios pueden casarse en
decimonónicas salas de ayuntamiento, en un yate, una masía o un pazo, dentro de
una corona de flores construida en una playa o en jardines llenos de gardenias
a los que acude un juez, concejal o incluso el alcalde para celebrar el
matrimonio. No hay discurso del párroco, pero lo puede hacer cualquier otro.
Los amigos o familiares leen poemas o hablan a la concurrencia sobre los
futuros cónyuges y una orquesta de cámara hace las veces del órgano de la
iglesia. Los fastos ya no son exclusivos de lo religioso y la liturgia católica
puede ser sustituida por la que decida cada cual. La incontestable estadística
sobre divorcios hace que ya apenas se crea en el matrimonio para toda la vida.
Además, a los divorciados y parejas homosexuales no les queda más opción que el
matrimonio civil.
Bautizos, primeras comuniones y
confirmaciones van en retroceso. Y si se compara el número de menores de un año
bautizados con el total de nacidos, se observa que el porcentaje de bebés que
ingresan en la Iglesia
católica pasó del 65% en 2001 al 57% en 2005, ocho puntos en cinco años.
Las ceremonias civiles están
sustituyendo a otros ritos católicos como bautizos, primeras comuniones y
funerales. Los españoles quieren festejar los momentos importantes de la vida,
pero no necesariamente Dios mediante. Muchos ayuntamientos, como el de
Rivas-Vaciamadrid (Madrid) o Igualada (Barcelona), llevan a cabo “acogimientos
civiles”, ceremonias en las que se da la bienvenida al mundo y a la comunidad
al recién nacido. La primera persona que lo solicitó fue Carmela Planell, en
Barcelona, donde residía, pero después se trasladó a Igualada y siguió allí con
su petición. “Quería celebrar que mi hijo Marcel había nacido, pero no quería
bautizarlo”, dice. “Y pensaba que, como ciudadana de una sociedad democrática,
tenía que exigir un marco para hacerlo”.
El Ayuntamiento de Igualada aprobó en
pleno la solicitud. No hubo ningún voto en contra, ni siquiera del Partido
Popular. Después, el texto pasó al Parlamento catalán, que lo aprobó como
reglamento. El procedimiento tardó unos años, así que el 7 de noviembre de
2004, cuando finalmente se celebró el acogimiento, Marcel tenía ya cinco años.
“Fue una ceremonia muy bonita”, recuerda su madre. “El alcalde leyó artículos
de la Convención
de Derechos del Niño y de la
Constitución , los padrinos asumieron el compromiso de velar
por su educación y cuidarlo si algo me pasaba, y él lo vivió como una
experiencia para entrar a formar parte de la comunidad en la que vive”.
El pueblo aceptó la nueva ceremonia,
pero no así la
Conferencia Episcopal , que lo vivió como un ataque a sus
ritos. “El párroco de Igualada me dijo que respetaba mi decisión y que él
quería que los que bautizaban a sus hijos fueran fieles de verdad, pero el
presidente de los obispos dijo muchas burradas en la prensa”, dice Carmela
Planell. “Yo no quise entrar en polémicas. Mi decisión no iba contra nadie y
ellos deben respetar a los no católicos”.
En Rivas (Madrid), gobernado por
Izquierda Unida, donde desde el año pasado han celebrado unos 32 acogimientos,
insisten en que la ceremonia no es algo contra la Iglesia católica. “Lo que
nosotros hacemos es dar la bienvenida a la ciudad a los niños”, señala el
concejal de Infancia y Juventud, Pedro del Cura. “Los padres se comprometen a
cuidarlo y educarlo y nosotros, a facilitar los recursos y medios necesarios”.
Cada vez tienen más peticiones.
También hay “comuniones civiles”. Para
que el niño no católico no se sienta discriminado respecto a sus compañeros, y
como celebración de paso a la adolescencia. Y proliferan los servicios
alternativos al funeral: cenizas esparcidas en el mar desde una barca, rituales
de despedida con música y discursos… Los agnósticos y ateos quieren despedir a
sus muertos, y hacerlo a su manera.
La práctica religiosa está
disminuyendo. En 1998, el 83,5% de los españoles se definía como católico. En
2007, la cifra ha bajado hasta el 77% (según un barómetro del Centro de
Investigaciones Sociológicas (CIS) de abril). A pesar del descenso, todavía
podría pensarse que España es católica. Sin embargo, más de la mitad de los
supuestamente religiosos casi nunca asiste a misa (el 56,2%) y sólo el 17% va a
la iglesia casi todos los domingos y festivos, como mandan los cánones, o
varias veces a la semana. Se ha pasado de un 79% de católicos practicantes en 1974 a un 24% en 2005.
Según una encuesta del CIS de 2002, el
68% de los ciudadanos “nunca” sigue lo que dice la Iglesia en materia
política, el 65% prescinde absolutamente de su doctrina sobre sexualidad y el
61%, de los mandatos sobre relaciones matrimoniales y de pareja. Un 46% define
el bautizar a los niños como una costumbre y no como un deber. Y a un 55,6% sus
creencias religiosas le preocupan poco o nada cuando tiene que tomar decisiones
de mucha importancia.
Alfonso Pérez-Agote, catedrático de
Sociología de la
Universidad Complutense de Madrid, señala que estamos ante la
tercera oleada de secularización de España. La primera tuvo lugar durante el
siglo XIX y hasta la
Guerra Civil. La segunda, entre los años sesenta y finales de
los ochenta. “En ese momento se produjo un desinteresamiento paulatino por la
religión y el magisterio de la
Iglesia ” explica el catedrático. “España dejó de ser un país
de religión católica para pasar a ser de cultura católica. Pero todavía había
en esos años un interés por los sacramentos y rituales, que conservan su fuerza
social”.
La tercera oleada estaría
desarrollándose en estos momentos. “Los jóvenes nacidos y socializados dentro
de esa segunda oleada ya no sienten la religión católica ni como parte de su
cultura”, opina Pérez-Agote. “Muchos se sienten incómodos con haber sido
bautizados y quieren apostatar. Y los rituales eclesiásticos como bodas y
bautizos están perdiendo su valor social. Antes, el matrimonio era una
legitimación de las relaciones sexuales. Durante los años ochenta empezó a
dejar de serlo. La gente no necesitaba una boda para tener relaciones, así que
empezaron a casarse cuando tenían hijos. Pero esto también está cambiando y
crece el porcentaje de hijos nacidos fuera del matrimonio”.
Los jóvenes de 15 a 24 años que se
autodefinen como agnósticos, ateos o indiferentes son el 46%, según un informe
de la Fundación
Santamaría de 2006. Sólo el 10% se considera católico
practicante, y el 39%, católico no practicante. Las tres regiones donde más se
aprecia el fenómeno son Cataluña, Madrid y País Vasco. La religión y la cultura
católica pierden fuerza a marchas forzadas en las nuevas generaciones.
¡Me voy a cagar en Dios uno y trino y en la Virgen mas puta!
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